ELENA ALONSO / RETRATOS EN SERIE

(Fotografía de G. Piqué)

Un homenaje es siempre una ocasión para recordar personas, espacios y tiempos más allá de la figura central. Anoche, en Casa Encendida, esta figura fue Esteve Graset, autor y director de teatro fallecido en 1966, figura fundamental de la historia de la escena contemporánea española. Observando al público pensaba que quizás se encontrarían algunos amigos suyos, colegas de trabajo, estudiosos de su obra o admiradores y personas, que como yo, sabemos muy poco sobre Esteve. En la conversación posterior, escuché a personas decir que fue un hombre intenso, capaz de llevar su trabajo hasta la animalidad.

¿Qué se necesita para que una obra hable de alguien? ¿Quien puede hablar por un muerto? ¿Qué parte su vida y obra puede responder por el todo? y ¿Qué es un homenaje?

Si alguien asistió a Retratos en serie nº6 de Elena Alonso buscando una revisión del trabajo de Esteve Graset, no encontró más que fragmentos que no dan cuenta de la totalidad de su obra. Si alguien esperó encontrar un perfil biográfico que reflejara sus dimensiones humanas y sus etapas creativas, se llevó una decepción, nada más alejado de esa opción. En cambio, lo que encontró fue una pieza sencilla, nada lineal, compuesta por fragmentos de No atreverse es fatal, texto inédito de Esteve Graset editado por Antonio Fernández Lera, junto a un par de canciones, bailes sin pretensiones dancísticas, una interpretación en un teclado y algunos pensamientos sueltos de otros autores y pensadores.

Quizás lo que percibí como una tensión -más acá de una ausencia- fue la manera de tratar y profundizar en el misterio de una persona a partir de esos materiales. Debían articularse en función del concepto “voz corporeizada”. Una técnica desarrollada por el creador que buscaba darle una función relevante y corporal a la voz emitida por el actor. A alguien escuché decir que sus investigaciones y trabajos eran excepcionales hasta llegar a ser brutales en la manera de exponerse a su propia propuesta vocal. ¿Y dónde estaba esa potencia en la pieza? Los juegos vocales no dejaron de ser cuidadosos, contenidos, atravesando un territorio seguro que nos protegió de la posibilidad de vislumbrar esa potencia.

Concluyo que algo que parece ser esencial para acercarse a la figura Esteve me faltó. Pero me pregunto: ¿y eso importa tanto? Lo cierto es que cuando estamos frente a un retrato que nos revela algo profundo del retratado, creemos que alcanzamos a tocar un pedazo de esa humanidad, y que en esta ocasión, fueron las personas con las que conversé al finalizar la función quienes me dieron esas pistas, necesarias para atar algunos cabos, comprender el relieve de algunas estrategias utilizadas en la pieza y aproximarme a la figura.

No obstante, todo esto no opacó la transparencia con las que Elena y Enrique compartieron con nosotros su afecto y cariño por  Esteve Graset. Ambos se mantuvieron concientes  de que esta pequeña pieza era un acto de amor, la forma que encontraron para aproximarse desde otro tiempo y espacio a unas experiencias, unos recuerdos y un hombre.

Retratos en serie se presentó en La Casa Encendida.

Escrito por Paulina Chamorro para Escena Contemporánea 2012

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