¿sabrá Marta Echaves que la gente se pelea de madrugada en calles de madrid por sus conferencias?

Son las 5:13 de la mañana de un domingo y acabo de presenciar una discusión de tres horas y quizá más sobre la conferencia “De las acechanzas” de Marta Echaves, la que tuvo lugar en la programación del Festival Domingo, en LCE.

A eso de las casi 2 AM y después de pasear, rebotar, chelear por la calle, tomar una bicimad, tener que dejarla y renunciar ya a todo para volver a casa, caminando con un gran  amigo por embajadores, en una plaza nos encontramos con un grupo de personas discutiendo por la conferencia de Marta Echaves del otro día. Al principio me quedé escuchando de lejos, pero a medida que avanzaba la discusión, me acercaba hasta que terminamos bebiendo latas hasta que tipo 4 llegó la policía y tuvimos que irnos. Por suerte, pues no se en qué habría terminado la discusión.

Como siempre la yuta qliá, se diría.

Nosotrxs como el vaho que somos, un vapor que se escurre, permanecimos silentes y atentos a lo que se tejía… Las posiciones eran diversas y si bien al comienzo nos quedamos distantes, la intensidad progresiva en la exposición de los argumentos hacía imposible no ser tocado por lo que se hablaba.

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Para contextualizar un poco, la noche de la víspera de San Juan, asistimos a la conferencia De las acechanzas, de Marta Echaves, como parte de la programación del Festival Domingo en La Casa Encendida.

En ella Marta nos invita a un viaje ontológico para comprender su proceso de traducción del concepto de “Hauntology”, acuñado por Jaques Derrida en 1993 y sobre el cual Mark Fisher profundiza posteriormente. Ella propone como la traducción al contexto ibérico el concepto de Acechanzas.

El término Hauntología aparece en wikipedia y es descrito por Carlos Román Echeverri (2013) como “el carácter espectral de ideologías del pasado -como el marxismo- cuya ambigüedad ontológica ronda de manera persistente en el presente bajo la forma de los fantasmas intangibles del mundo contemporáneo; idea a la que el propio sitio añade la definición del filósofo Martin Hägglund, quien lo describe como un concepto “[contrapuesto] a la ontología tradicional que piensa al ser en términos de una presencia idéntica a sí misma. Lo importante sobre la figura del espectro es que no puede estar completamente presente: no es un ser en sí mismo pero señala una relación con lo que ya no es más o con lo que todavía no es”. Mark Fisher en su libro “Los fantasma de mi vida: Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos”  (Ed. Caja Negra, 2018) lo describe como “el hecho de que nada goza de una existencia positiva. Todo lo que existe es posible únicamente sobre la base de una serie de ausencias, que lo preceden, lo rodean y le permiten poseer consistencia e inteligibilidad“.

Marta, en la primera parte de su conferencia expone la lógica en el proceso que la llevó a relacionar y traducir el concepto de hauntología al de acechanza, situándolo además en el territorio ibérico y el contexto específico de dos hechos “espectrales” vinculados a ejecuciones políticas y cuerpos desaparecidos en períodos de guerra y transición a la democracia.

Por sintetizar de manera bastante general, la acechanza explicaría el  fenómeno de estas apariciones espectrales como eventos políticos de un pasado abierto no resuelto en el territorio ibérico. Los dos casos que ponen de manifiesto estas acechanzas son “las Caras de Belmez” en Jaen (1971) y el caso “espectral” del Palacio de Aramburu, de Tolosa en 1995, en donde la escucha de algo extraño en la casa hizo posible encontrar cuerpos de desaparecidos, supuestamente miembros de la ETA. 

Lo que acecha, para estos casos, es un pasado cargado de horror, que exige reparación y justicia.

Estos hechos, señala la investigadora, nos permiten entender de manera concreta la propuesta en relación a como estos eventos de un pasado aún abierto y doliente para un territorio, acechan a las generaciones posteriores. La frase de Mark Fisher acerca de los futuros cancelados pareciera ser más de pasados enterrados, sin los que ese futuro no puede transformarse, mutar y venir de otro modo, entonces lo que acecha es ese pasado (espectro de futuro). De ahí la urgencia y necesidad de “Restituir los duelos no resueltos, tremendamente traumáticos… un pasado que persiste interpelando”, dice Marta.

Las Caras de Belmez, según esta perspectiva, es un ejemplo de la persistencia de esta acechanzas. Los rostros serían los familiares de la mujer que vive en la casa, quienes fueron asesinados en el Asedio del Santuario de Nuestra señora de La Cabeza en la guerra Civil Española. – “Resulta extraño y evidente que a pesar de la fascinación de la iglesia franquista de la época por otros hechos paranormales que hacian propaganda a la propia iglesia, no le dieran la misma importancia y visibilidad a este caso ocurrido en Jaén” – expone Marta. El fenómeno atravesó una línea temporal extensa, épocas desde lo sucedido por la década del 30 en Andalucía.

En el otro caso, el de dos jóvenes, supuestamente participantes activos de ETA, quienes en 1983 fueron detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos por la GAE (Grupos antiterroristas de Liberación) en el Palacio de la Cumbre, en Guipúzcoa. En 1991, un guardia de seguridad trasladado al palacio, comenzó a escuchar ruidos muy fuertes en el sótano. Declaró que siempre escuchó cosas extrañas en el sótano y que un día, al bajar junto a la cocinera, las almas encerradas ahí, les habrían dicho que ahí estaban enterrados los cuerpos de dos jóvenes dados por desaparecidos a principios de  los 80’.

En ambos casos es muy claro como opera el concepto de acechanza, en donde los asesinatos en masa y los cuerpos enterrados anonimamente, amontonados en fosas comunes, son quienes acechan pidiendo ser ajusticiados.

La relación de un futuro cancelado está dada por los acuerdos de memoria y anmistia que dejaron sin juicio a decenas de asesinos y torturadoes, ejecutores y pensadores de las dictaduras militares, en este caso del franquismo y la posterior transición a la democracia. La política del terror como imaginario de un horror no abordable queda impreso en el recorrido común de una sociedad. Un acceso al real de estos acontecimientos se hace inaccesible. Necesitamos herramientas que nos haga posible observar la historia, ver con detención sus recorridos, remediar, hacer justicia, reparar, abrazarla.

Volviendo aquí, a la discusión de madrugada, las posiciones iban desde la defensa ferrea al hecho “revolucionario” que significaba hacer visible las “deudas” políticas que el franquismo y la posterior “democracia” dejaron abiertas y que. aún, habiendo pasado ya tanto, siguen sin resolverse ni repararse. Este hecho de exponer y hacer visible, de denunciar, me parece un acto de manifiesto político, que abre y propone una oportunidad para que la comunidad en colectivo pueda hacerse cargo de estos eventos políticos de un pasado que aún claman por justicia. La propuesta es una apertura a la comunidad, una sanación, por decirlo así, de tipo colectiva, comunitaria que permita destrabar un futuro que tan sólo se aleja y lo que trae es un pasado oscuro y doloroso.

Como contraparte en la discusión, se exponía que La Casa Encendida y este festival por la gente a quienes convoca, no sería un contexto como para que este gesto tuviera esa repercusión tan “revolucionaría” como se señalaba. Lo cual, sí que podría tener sentido, sin embargo si observamos el transcurso de este momento histórico y el avance de un neofascismo muchas veces encubierto, me parece super necesario abrir esferas de denuncia e insurrección en la mayor cantidad de los campos que conforman nuestras sociedades, territorios o comunidades. Nunca estará de más, charla sobre algo de lo político… vamos a ver desde qué perspectivas. De hecho, esta discusión nocturna es una resonar detonado por aquella conferencia, justamente en el contexto de un festival de escénicas contemporáneas.

Es así, en esa resonancia, que la discusión nocturna fue progresando y agarrando intensidad hasta estar menos cuidada de volumen e intenciones; había una tercera posición que miraba desde una perspectiva crítica pos colonial lo expuesto, alguien que con mucho amor señalaba la necesidad de mirar esta relación con lo espectral más allá de lo impuesto por el catolicismo y que termina por asociar lo que puede ser trascendental, como lo es la relación con nuestros muertos, en manos de un terror demoniaco. Entonces el evento pasa a ser paranormal con tintes de oscurantismo medieval y se vuelven a quemar las brujas.

Este punto, me hace pensar en la necesidad de reivindicación política de esos hechos no resueltos desde un ámbito terrenal político que acompañe los ritos de cierre colectivos que son tan necesarios para una comunidad, como lo son los procesos judiciales a los criminales de lesa humanidad. Reparar a las víctimas con los debidos procesos y cierres simbólicos por parte de los gobiernos posteriores, ayudaría a dejar ese pasado acechante en la calma de la justicia y los procesos sociales en su devenir.

Es bastante clara y evidente la urgencia de contextos que abran estas discusiones políticas sobre eventos de la historia reciente de una comunidad. Aquí Marta, propone una dimensión ontológica en esta búsqueda de respuestas que nos dejen continuar con la conformación de lo común: La historia, los relatos, nuestros muertos. Lo paradójico es tener que empujar este encuentro con lo real por una vía que separa estos dos campos: lo cotidiano y lo trascendental; justamente perspectiva de una tradición occidental cristiana en donde nos abstraemos del entorno y asumimos el encuentro con lo desconocido desde esa mirada fundada en el terror, más que a lo luminoso de una epífanía que nos permite ver y abrazar una verdad oculta.  

En la conferencia, la imposibilidad de acceso a ese real por el horror es reemplazado por la noción de terror cinematográfico, guarda una paradoja que viene incluida en la forma ideológica del cine y la manera en que esto opera como un otro nuevo velo que tampoco nos permite ver aquello que se mantiene inaccesible. Estas acechanzas nos permiten ver de cerca esa parte de la historia real y oculta por la ficción de la democracia pos dictadura. Lo real del horror de los cuerpos asesinados desaparecidos por el franquismo y ese último encuentro con sus seres queridos que nunca llegó. El cine y esta relación horror – espectros sería otro nuevo velo impuesto por el capitalismo cultural que impediría el acceso directo sobre esto real y cuya necesidad son procesos judiciales de este mundo.

En este sentido, el propio Fisher en su realismo capitalista señala: “Para Lacan, Lo Real es aquello que toda realidad debe suprimir; de hecho , la realidad se constituye a sí misma gracias a esta represión. Lo Real es una X impávida a cualquier intento de representación, un vacío traumático del que solo nos llegan atisbos a través de las fracturas e inconsistencias en el campo de la realidad aparentre. De manera que una estrategia contra el realismo capitalista podría ser la invocación de lo Real que subyace a la realidad que el capitalismo nos presenta.” Mark Fisher, Realismo capitalista, pag 43, Ed, Caja Negra.

El Realismo Capitalista, es parte de la producción cultural del capitalismo que operaría también como una ficción, un velo que imposibilita acceder a ese real. El realismo capitalista “es algo más parecido a una atmósfera general que condiciona no solo la producción de cultura, sino también la regulación del trabajo y la educación, y que actúa como una barrera invisible que impide el pensamiento y la acción genuina.” Inid pág 41.

Esta noción de horror como explicación a lo espectral, además de lo cinematográfico está absolutamente determinada por la imposición de la tradición católica que fue declarando todo lo que no es comprensible por la ciencia occidental, ni explicado por sus metáforas, como manifestación demoniaca maligna, oscuridad, y un terror basado en las imágenes. Lo que no es del Dios no es aceptable por este mundo. Exclusión a partir de la que quedan fuera todas las cosmovisiones y saberes espirituales de otras culturas. Ese horror impuesto por las imágenes fue herdado por el cine, instalando en el imaginario colectivo la relación terror/ lo espiritual.

Es decir, el horror como tradición católica divulgada por el cine hollywoodense del último siglo, operan como un velo más de la producción cultural del Realismo Capitalista, el cual tampoco nos permite acceder a ese real como tal. Desplaza la noción de justicia social a eventos extraordinarios inexplicables, los cuales no dependen de las facultades de lo político y sus herramientas penales terrenales en el manejo de la justicia por parte de los gobiernos. La necesidad y urgencia es de justicia, de procesos y sentencias, de señales claras y posicionadas por parte del marco político actual; ademas de ritos comunitarios, gestos simbòlicos que sean recibidos por la comunidad como tal, con el objetivo de continuar construyendo un futuro que deje atrás ese pasado del horror. Honrar y despedir. Celebrar la transformación.

Justamente por abrir el marco simbólico impuesto por el catoliscismo, es que considero importante rescatar otros saberes y mitologías de otras culturas previas o fuera de la imposición católica que con las colonias y cruzadas se esparció por el mundo. Desde mi perspectiva, este entrelazamiento que propone la hauntología, que Marta traduce como LO ACECHANTE no sería del orden del terror, sino que podría ser también atendido desde perspectivas más luminosas o menos relacionadas con los marcos de imaginarios impuestos por el catolicismo y posteriormente el capitalismo, la aparición del cine, la publicidad y su despliegue ideológico.

Por un lado la conferencia hace evidente la necesidad de justicia, reparación y sobre todo una mirada comunitaria del curso de la historia, los hechos que con dolor guarda oculto el pasado. Mirar, observar, abrazar son parte de ritos necesarios de recuperar fuera de la imposición católica. Desde el inicio de todo esto, el dios católico llegó más allá de sus fronteras con espadas y un fuerte deseo por el otro y otros metales. ¿Podemos seguir perpetuando la mirada que impuso ese dios para entender todo lo que es de otro orden en el mundo?.

Justicia

y nuevas espiritualidades

nuevos marcos de conocimiento son urgentes y necesarias.

Cerrar los episodios más oscuros de nuestra historia reciente, para poder así continuar construyendo algo de espacios comunes, poder mirarnos, abrazarno más allá de las diferencias y seguir.

Reparación y nuevxs diosxs.

No sólo acechan espectros, sino que también hay encarnaciones tipo farsescas que nos acechan y traen de vuelta ese pasado de eventos sangrientos no cerrados en otros territorios más allá de lo ibérico. El fascismo se exportó de buena manera. Como espectros que también vuelven, pero en farsa idiota encarnada, personajes como los bolsonarons, los piñeras, los trump, macris, duques hacen de pinochet, videla y castelo branco, son la versión idiota de las dictaduras latinoamericanas en los 70′. Hay un resurgimiento del fascismo en nuestro mundo occidental contemporáneo en donde estas reflexiones siguen siendo urgentes y necesarias. Ante la arremetida de extremos ideológicos totalizadores, quienes hoy avanzan con la bandera del mercado como dios por delante, nuevamente sin temor a reprimir con todo pensamientos, activaciones políticas y económicas contrarias a este sistema político económico cultural y el devenir que nos ha llevado hasta aquí. Un punto de climax cúlmine. Una crisis que se instala como permanente.

El aporte de esta conferencia en este contexto, es altamente significativa, pues detona una mirada amplia que diversifica aportando a un relato colectivo que aún es necesario narrar. Lo que necesitaban esos espectros y los propios testigos de esas muertes era poder contar el horror de lo que vivieron. Horror que toma la forma del propio relato. En este sentido, le pone una gran cuota de responsabilidad a los distintos agentes que ocupan estos espacios de discurso y de posible exposición a resolver cuestiones políticas comunes. La resonancia de esta conferencia, podríamos pensar es echar a andar una tradición oral. La discusión con la que me encuentro, un par de días después es muestra clara del eco, la potencia y necesidad de ese juntarse a contar historias. De hacer visibles esas acechanzas que nos atraviesan hasta un sábado de madrugada.

La pregunta que abre es si hay que continuar buscando respuestas en marcos espistemlógicos determinados por el catoliscismo y nuestra propia cultura capitalista occidental católica, o si seria igualmente de necesario, poder extender esa mirada a estructuras de conocimientos diferentes, marcos epistemólogios de otros mundos, en donde existe una tradición en relación con sus muertos. Honrar al pasado y verlo transformado en bosques, en ríos, en guerreros que cuidan la noche. Subrayar, junto a la necesidad de ritualizar, de honrar y despedir, la de juzgar y penalizar. La de establecer un relato colectivo sobre el curso de la historia, para no volver repetir ni encarnar los horrores de ese pasado. Narrar y seguir narrando estos acontecimientos.

¿Puede ser que la espiritualidad sea algo local?

Uno de los elementos fundamentales que hicieron la diferencia en la invasión a Abya Yala, fueron la capacidad de armamento que tenían los invasores. Una de las explicaciones que se daban en el mundo indígena, era que su dios, el dios blanco, les había dado esos saberes y esas armas para poder invadirles y reinar.

Me imagino que esto también operaba en la imposición de ese dios sangriento que acompañó la invasión, la usurpación de tierras, las violaciones, los asesinatos masivos, el todo por la plata, el oro, los metales, las riquezas todas. Me refiero a una cierta certeza de victoria por parte de los invasores “voy con el dios de mi lado”. Pues el dios ese no reinó totalitario. Aún germinan semillas de otras tierras, otros espíritus.

En Latinoamérica las dictaduras que comenzaron en los 70’ dieron como resultado más de tres mil quinientos (3500) muertos y desaparecidos en Chile; en Argentina sobre TREINTA MIL (30.000). “Las dictaduras militares instauradas en Sudamérica a partir de los años 1960 colaboraron entre sí en la llamada Operación Cóndor y se utilizaron también de la desaparición como un expediente para camuflar la eliminación de disidentes. Argentina, Chile y Uruguay tienen, igualmente, sus listas de desaparecidos. En Argentina y en Chile, los números llegan a decenas de miles de personas, de ambos sexos y de todas las edades.”  (Wikipedia).

Viajando un poco más allá, pero no tanto para nuestro territorio, en el siglo XVI, previo a la llegada de los invasores, se contabilizaban en casi 150 millones de personas los habitantes de Abya Yala, de los cuales hoy queda un número reducido y aislado. La exterminación y genocidio más grande de la historia está sepultado bajo los libros de historia y las biblias cristianas. Bajos las calles de Cuzco, en las hidroeléctricas del biobio, las megaciudades de Manaos, Potosí, California, en los campos de café, bajos la construcción de estadios de futbol, aparecen rostros, espíritus que cada tanto hacen rugir volcanes, mueven la tierra con una energía incomprensible, soplan en forma de huracanes y levantan revoluciones encarnando en nosotras, negras, indias, salvajes.

Hasta 150 MILLONES DE PERSONAS contabilizan algunos libros de historia como población del continente hacia 1492. Aún en el siglo XX, fueron perseguidos, vendidas partes de sus cuerpos y llevados a zoológicos en europa; hasta el día de hoy son perseguidos en la araucanía, el amazona y otras partes del continente. La extensión de estas etnias sigue siendo discriminada.

Algunas tribus y pueblos existentes en este continente hasta 1492: toltecas, aztecas, tepehuanes, lacandones, nasos, cunas, teribe, zambos, nicaraos, chorotecas, borucas, corobicies, nahoas, jicaques, payas, misquitos, naborías, chaunu, taíno, muiscas, paece, liles, pijaos, carrapa, oicaras, yalcones, tayronas, quillacingas, panches, yariguies, quimbayas, guanes, gayones, cocuy, waikerís, barí, yanomamos, ucayabes, cañaris, chimú, chinchas, chachapoyas, moches, shipibo-conibo, moxos, guaranís, chiriguanos, charrúas, minuanes, diaguitas, huarpes, tonocotés, comechingones, chanás, corondas, quiloazas, quiloazas, timbú, mocoretáes, mapenis, querandíes, wichi, puelches, selk´nam, poyas, tehuelches, pehuenches, tobas, mocovíes, pilagás, abipones, payaguás, chanés, mbayás, atacameño, aymaras, changos, diaguitas, mapuche, cuncos, hilliches, kawésqar, yaganes, rapanuí, aimoré, caetés, canindé, carijos, cariri, omaguas, cayapos, nambiswavas, entre otros. También hubo imperios y grandes civilizaciones con innumerables avances en diversos ámbitos.

Dónde resuenan esas voces, esas otras lenguas exterminadas, desconocidas? ¿será que gritan en un dialecto incomprensible para el dios blanco que otorga justicia? ¿o será que se manifiestan en explosiones volcánicas, huracanes, marejadas que arrasan ciudades, cataclismos y tornados?

Las lenguas que sobrevivieron al franquismo en el territorio ibérico y las que fueron arrancadas en Abya Yala se mantuvieron silenciosas y subterráneas, la única manera de hacerlas sobrevivir fue seguir hablándolas. Mantener la tradición oral. Hablar, charlar, conversar.

El proyecto Vaho en Domingo ha sido financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes,
Convocatoria 2021, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Chile.

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